Con la muerte de Benedetti he querido hacer un recuento de los países visitados y no creo que se me quedó alguno, y han sido 35, la idea era recordar dónde conocí a Benedetti: en España, en Cuba, en Canadá. Me hizo ver también nuestra vocación undívaga como el mar, como decía el maestro Barba Jacob, en otras palabras la cultura andariega del salvadoreño. Y no solamente los intelectuales de élite, también los campesinos. Este tema lo he tratado en tres de mis novelas inéditas y algunos artículos sobre la diáspora.
¿Tantas vueltas para hablar de una persona? Sí, porque antes de escribir lucubro, medito y quiero ver la imagen que guardo: baja estatura, bigote blanco, aunque alguna vez fue negro cuando no era tan conocido, sonrisa tímida, piel blanca o “chele” (huero dicen los mexicas y venezolanos, canche los chapines, machos los ticos, gringos los argentinos).
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