Indignados y salvadoreños
Tres veces he estado en la ciudad de Boston. Esta vez fui invitado a una lectura y a una conferencia en la Universidad de Boston; también cumplí un programa con las visitas necesarias a esa ciudad: los salvadoreños, Harvard University y Tecnológico de Massachusettes (MIT). Esta vez la visita a Harvard fue parcializada por encontrarse bajo seguridad debido a la presencia de un grupo de “indignados” (movimiento Occupy) acampados en un sector del campus; solo fue posible una “Visita Guiada” de la Biblioteca de esa Universidad que tiene más de 15 millones de títulos. Todos ellos empastados, inclusive los más recientes del Departamento de Publicaciones e Impresos de la Secretaría de Cultura, desde Alfredo Espino, pasando por Salarrué, Escobar Velado, Hugo Lindo, Dalton, Argueta. Este celo por preservar los volúmenes en papel no se contradice con la digitalización de sus fondos. Por razones de tiempo me privé de ir al MIT.
Más tarde encontré con frecuencia, en el centro de la ciudad otro campamento de “indignados” frente a uno de los Bancos. ¿Qué piden este grupo no partidista en su protesta? Lo principal es exigir pago de impuestos a quienes deben pagar, el centro de este señalamiento son los bancos. Cada “indignado” lleva un cartelito en el pecho: 99%, el porcentaje de civiles afectados por no pertenecer al 1% que gozan privilegios económicos. Esta aspiración da posibilidad de un gran consenso social.
Algunos bancos produjeron en el 2008 la crisis financiera más grave de los USA en los últimos tiempos, debido a préstamos irresponsables para comprar casas, luego elevaron los intereses volviendo impagable la deuda hasta terminar en despojos de sus propietarios; o subieron los alquileres. Todo ello afectó a la clase media, base de la sociedad norteamericana. Los Indignados están contra las guerras, la codicia y la corrupción; abogan por una democracia participativa, por jubilaciones justas, y se oponen a bonificaciones y pensiones vitalicias a funcionarios desplazados. Respecto a los latinoamericanos participantes plantean las deportaciones injustas. En fin, consideran que es mucho sacrificio del 99% para mantener una economía que los maltrata.
El movimiento carece de líderes, cualquier indignado tiene oportunidad de exponer sus quejas, sin diferencias ideológicas o partidarias; participa el afectado con el límite de tiempo común a todos, pero sin proferir insultos o hacer señalamientos personales. Se debe exponer y proponer. Como no es necesario estar organizado, cualquiera puede visitar las tiendas de campaña, compartir alimentos. Para hablar solo debe apuntarse con un coordinador.
Los Indignados se originan por convocatorias en redes sociales, con características diferentes a los partidos políticos. Ya han sido golpeados y desalojados por la policía quizás porque sus peticiones tocan el alma del sistema económico y social. El movimiento recuerda la resistencia pacífica de Gandhi que venció al imperio inglés.
Pero gran parte de mi programa estuvo dedicado a los salvadoreños del Barrio East Boston, donde visité varias escuelas. En su High School, con casi mil ochocientos escolares, hay un 60% de hispanoamericanos, un 40% salvadoreños, algunos no documentados; pero la escuela defiende a los estudiantes ante las leyes inflexibles, no así a los padres por lo cual ha habido separaciones inhumanas. Los escolares de nivel parvulario y adolescentes leen, escriben, hacen arte bajo la orientación de docentes especializados. Actualmente se acercan a ellos en apoyo espiritual la Casa El Salvador; y el Consulado salvadoreño para ofrecer asistencia legal. East Boston es una esperanza para la niñez y adolescencia que reciben educación en ese país, en una ciudad que fue la cuna de los Estados Unidos.
El Salvador, América Central, diciembre 17 de 2011.



