La novela testimonial: realidad y ficción

Publico un segundo fragmento de la Tesis Manlio Argueta: Novela testimonial y el valor de la conciencia, para optar a la Maestría de Lengua y Literatura Iberoamericana, de la académica mexicana Elsa Roxana Zepeda Hernández, Universidad de Puebla, México, mayo 2008. (Manlio Argueta)

La novela testimonial forma parte del concepto del discurso testimonio, ya que se exponen las experiencias del testigo que ha sido víctima de la represión e injusticia sociales, pero a diferencia del discurso testimonial, la novela hace uso de la ficción en la que el escritor utiliza, además de un discurso basado en experiencias reales, su imaginación y las técnicas narrativas y estéticas que se emplean en una obra literaria.

La novela testimonial puede oscilar entre la realidad y la ficción porque, por un lado, el testigo nos brinda una perspectiva personal de una manera confiable ante los hechos reales y, al mismo tiempo, una panorámica de la situación que vive su grupo social y, por otro, el autor de la obra literaria utiliza la imaginación para enriquecer su escrito. Un ejemplo claro de lo anterior es la novela testimonial de Manlio Argueta, en virtud de que nos expone la situación que ha vivido la población de El Salvador con un sentido de realidad y, al mismo tiempo, utiliza la creatividad para dar forma a situaciones y personajes ficticios que definen su trabajo con el carácter de novela. “El gestor de la novela testimonial tiene una sagrada misión y es la de revelar la otra cara de la medalla […]. Lo primero que tiene que hacer es una labor previa de investigación y sondeo. Descubrir lo intrínseco del fenómeno, sus verdaderas causales y sus verdaderos efectos” (Barnet 291).

Cuando le preguntaron a Argueta por qué en su obra Un día en la vida se fundamenta una dicotomía en la que todos los campesinos son buenos y todos los guardias son malos, el autor contesta que los escritores como él son más prácticos que teóricos y que efectivamente se trataba de la situación específica de El Salvador en un momento histórico determinado: “no hay ni buenos ni malos. Son todos más bien víctimas de sus circunstancias” (Martínez 45), como es el caso de los campesinos que internalizan una ideología que les es enseñada para convertirse en guardias. Así ellos también son víctimas, dice Argueta.

Lo que ha sucedido a partir de 1960 es un sincretismo cada vez mayor, fundándose una relación de continuidad entre historia documental y ficción narrativa. Rodolfo Walsh, Miguel Barnet, Elena Poniatowska, Isabel Allende, Hernán Valdés y Enrique Medina, recurren a menudo a un principio estructural que deriva del gran reportaje: la viagra for sale narración es enmarcada desde una figura autorial, pero se le atribuye a individuos históricamente existentes (Jara 5); es decir, que esos escritores ponen su creatividad en personajes o situaciones reales.

Al respecto, Raúl Rodríguez Hernández expone que en los últimos diez años ha surgido una tendencia de la ficción en la que se problematizan los acontecimientos sociales contemporáneos como parte de una dinámica no acabada; un claro ejemplo de esto son las luchas de liberación en Centroamérica que han producido una literatura a la que él llamaría “la nueva novela histórica contemporánea” (156). En el caso específico de Argueta, su obra se orienta hacia los acontecimientos de la historia de El Salvador, en donde no hay un final histórico particular, sino que apunta hacia un futuro positivo construido por los hombres en su lucha social.

Además, con respecto a la dicotomía entre ficción y realidad en el testimonio, Barnet  explica que es posible que estos dos elementos se mezclen. “Encasillar todo género literario que narre una acción fantástica o real, con caracteres fantásticos o reales con una línea de desarrollo dentro de la categoría de novela es tan falso como pasajero y externo”(280). Es decir que la descripción de la realidad tiene ciertos matices de subjetividad y viceversa.

Según nos dice Renato Prada Oropeza, de la Universidad Veracruzana, en el ámbito que nos concierne, el concepto de literatura puede abarcar desde narraciones de ficción, crónicas históricas hasta crónicas documentales de corte periodístico, en las que podría tomarse el discurso testimonio como un género adicional. Sin embargo, una tipología de los discursos no debe postular la existencia de manifestaciones puras, sino establecer elementos dominantes de acuerdo con la función social, la cual varía conforme a la valoración que el receptor sociocultural pudiera establecer (18). Es decir, es necesario tomar en cuenta la intencionalidad del que escribe para que su discurso pueda ser considerado como objeto lingüístico, documento sociológico, documento psicoanalítico u otro.

Por otro lado, Marta Rojas explica que el acuerdo de varios escritores cubanos respecto a la relación entre el concepto de lit

eratura y el de testimonio, gira en torno a que “el testimonio es literatura, es o puede ser de la mejor narrativa cuando lleva agregado el talento del autor de la obra de que se trate, de lo contrario podrá ser un documento histórico, un inventario de información, un magnífico tarjetero, pero solamente eso” (316). Y el testimonio inmerso en la novela de Argueta es una expresión única que nos lleva a situaciones reales a través de la creatividad y la ficción, claro está, con la magistralidad implícita que le ha valido el reconocimiento internacional.

3.4. El testimonio en la novela de Manlio Argueta

La obra narrativa de Argueta que se analiza en el presente trabajo es un claro ejemplo de novela testimonial, ya que recoge la perspectiva de campesinos indígenas, estudiantes, mujeres y niños que vivieron las atrocidades cometidas por su gobierno. En este contexto, el autor se dirige hacia el mismo sitio: expone hechos, da un espacio a los desposeídos y nos muestra cómo las actitudes humanas desempeñan distintos papeles en beneficio o perjuicio de la humanidad.

El autor acepta que efectivamente su novela plantea un problema político en el que se presentan hechos reales que son propios de los centroamericanos, es decir, de los agravios que les infringieron sus autoridades: “A mí me entusiasma el testimonio como aporte de América Latina a la literatura universal. Yo mismo escribo Un día en la vida y sólo después de escribirla […], me di cuenta que […] el testimonio juega un rol importante. El que escribe el testimonio tiene conciencia clara de que está transformando la realidad” (Martínez 54). En ese contexto, Argueta muestra su compromiso social, su riqueza en el lenguaje y, sobre todo, una nueva y elaborada técnica narrativa que lo ubica como escritor de vanguardia.

Argueta se inició en el Círculo Cultural Universitario, fundado en 1956, en el que sobresalen Roque Dalton y Roberto Armijo, poeta y ensayista latinoamericanos respectivamente, expositores de la defensa de sus ideas de justicia social por las que, desafortunadamente, más tarde fueron asesinados. Además, estos mismos escritores, junto con Argueta, participaron como militantes políticos en la llamada “Generación Comprometida”.

Otros hechos que han sido determinantes en la vida de Argueta son el haberse incorporado al Ejército Rojo de la antigua Unión Soviética, donde hizo su servicio militar durante los años sesenta, además del intercambio de ideas con pensadores cubanos. Más adelante rompió con la izquierda ortodoxa para formar parte importante de la izquierda salvadoreña, por lo que fue encarcelado más de diez veces y exiliado cinco, la última, por espacio de veinte años en Costa Rica.

Es así que, por un lado, está su trabajo de bibliotecario y su desarrollo como escritor y, por otro, está un gran acervo de vivencias personales que lo definen como un autor comprometido con las clases más desprotegidas de El Salvador. David Hernández lo cataloga como “escritor visionario que asume con la praxis política su compromiso literario” (“Novelística de Manlio Argueta” 400). Las novelas de Argueta exponen una clara simbiosis de lo político y lo social con una cultura de fuertes raíces indígenas y un psiquismo enriquecido por personajes que despiertan a una nueva conciencia de clase, valores todos que han impactado en civilizaciones como las europeas y la norteamericana.

Argueta expresa que utiliza el género testimonial dentro de la novela, iniciando con El valle de las hamacas, donde “hay páginas completas que son agregados textuales de la realidad, ya sea de un documento, de un periódico, hay un juego de ficción con documentos reales. Y luego en Un día en la vida que sí es una novela mucho más testimonial porque en este caso ya recurrí por primera vez a la entrevista, a buscar el material, a la investigación” (Varela, entrevista, mayo 2003). Argueta es de los primeros autores en retomar el género del testimonio antes del auge del mismo en América Latina durante los últimos diez o quince años. Así mismo, este autor puede transmitir su realidad, experiencias y vivencias de una forma más directa. “Es una manera de trabajar con la belleza, con la estética y a la vez entregar un conocimiento, no tanto sobre la historia de un país, de El Salvador o de Centroamérica, sino también sobre cosas subjetivas y valores un poco más espirituales, que es lo que pretendo por ejemplo en Un día en la vida, es decir, el amor, el llanto, el drama, a partir de un desgarramiento individual de los personajes” (Varela, entrevista, mayo 2003). Para Argueta, su novela es como un largo poema amplio y abierto que utiliza para decir lo que no se ha dicho intencionalmente por la parte oficial, en el cual imprime una gran belleza en la expresión escrita.

Desde América Central, San Salvador, agosto 28 de 2009.

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