Un día en la vida: identidad salvadoreña

Un dia en la vida, versión en inglés.

Publicamos un primer fragmento de la tesis doctoral de Anne Lee Utech Ph.D.  de la University of Pennsylvania, 1993, 283 pages; AAT 9331854. (Se trata del capítulo III.3.3: El testimonio ficcionanalizado y ampliado de Un día en la Vida).

“La memoria, la cheap pharmacy viagra recolección de historias y el habla popular son fundamentos de la narración plural. Las novelas se basan en el contexto socio-histórico salvadoreño para narrar una historia alternativa a las versiones oficiales. Los narradores, personajes marginados de los centros del poder, expresan su historia y cultura en términos y formas propios: los recuerdos, las historias familiares, el testimonio, los cuentos orales y la mitología indígena. A la versión oficial de la historia, relatada en la crónica de la Conquista y los discursos políticos actuales, los narradores contraponen el testimonio y la recreación de su historia vivida. Contrastan la Cultura culta y la visión extranjera de El Salvador con leyendas populares y mitos indígenas. Mediante esta intertextualidad se recobra un lenguaje propio para revelar una nueva interpretación de la historia, cultura e identidad salvadoreñas” (Fragmento del Abstrac de esta Tesis Doctoral de  Anne Lee Utech).

La relación entre la historia y la ficción resulta ser más armoniosa y artística en la narración de Lupe. Aunque los relatos de carácter testimonial ya mencionados pintan vívida e íntimamente sucesos históricos importantes, carecen de un nivel profundo de de reflexión por parte de los protagonistas. Su propósito es ubicar la obra en el contexto salvadoreño, conferir a la novela cierta verosimilitud e iluminar para el lector ciertos aspectos del conflicto salvadoreño generalmente no revelados en la prensa o en  las versiones oficiales de la historia. Los pensamientos y monólogos de la vida de los pobres y las penas de una madre que ve sufrir a su familia por su participación en grupos populares. Argueta ha señalado el origen testimonial y periodístico de la historia que cuenta Lupe: “surge a partir de una entrevista que yo tuve con una campesina. Yo pretendía hacer un artículo periodístico nada más. Y lo hice; pero después,… en un momento en que decidí en escribir una novela recordé que tenía una grabación de esa campesina” (1) (Martínez 46). La narración de Lupe se basa en esa entrevista periodística, pero de todos los testimonios del libro es el que menos demuestra un carácter documental o periodístico.

Hemos visto una despersonalización, una supresión del “yo” del autor, en la presentación de los pasajes testimoniales analizados arriba. Se presentan los relatos sin la intervención de otro narrador y con una representación verosímil del lenguaje de los locutores. Argueta también deja a Lupe por su cuenta; se presenta su voz principalmente a través del monólogo interior (pensamientos) y también “exterior,” como si el lector estuviera en su casa escuchando su plática mientras pasa el día haciendo sus trabajos domésticos. Se revela en su narración, sin embargo, una conciencia de sus alrededores y un proceso de reflexión pausada no manifestados en las otras narraciones. Si los pasajes mas documentales pretenden comunicar la urgencia, violencia y confusión de sucesos históricos en evolución, Lupe ofrece un “testimonio” más amplio; mediante sus reflexiones se sitúa la experiencia personal en el contexto social de su época, su historia, y la conciencia de su gente. La personalidad de Lupe logra imprimir en los hechos narrados una subjetividad que hace mas accesible su narración; se crea un personaje complejo y multifacético (la vemos como hija, madre, abuela, trabajadora, miembro admirable de su comunidad) con quien se puede identificar el lector. (2)

Se percibe una tensión creativa entre la despersonalización de la narración (poca intervención autorial, el uso de la primera persona singular, el estilo del habla campesina) y la personalización o intervención aumentada (la organización en capítulos, la transformación del relato al mundo de la novela, la intervención de la voz organizadora y la estabilizadora del autor y la voz testimonial de Lupe. Recordemos a Bakhtin para señalar la esencia de ese diálogo; del proceso de internally dialogized mutual ilumination of  languajes -la convergencia de la “conciencia linguistica” del “stylizer” (autor) con la de la stylized” (Lupe)- surge “an artistic representation of another's style, an artistic image of anoter's language” (362). Esta representación artística de la voz de la campesina entrevistada es el eje estructural de Un día en la Vida.

El relato de Lupe abre y cierra la novela. Comienza simbólicamente con el comienzo del día, como si estuviera descubriendo su vida diaria a algún oyente: “no hay día de Dios que no este de pie a las cinco de la mañana. Cuando el gallo ha cantado un montón de veces ya voy para arriba”. Se termina la novela de noche y la voz de Lupe transmite una conversación entre ella y Adolfina mientras enciende unos candiles. En el curso de “un día” Lupe cuenta sus recuerdos del pasado (en el capitulo previo vimos los recuerdos de lo que le ha contado su madre sobre la masacre de 1932, como eran los curas de antes, etc.) transmite las voces de otros (Chepe, Justino, su madre), hay un constante dialogo interior y exterior (con otros personajes).

Como este capítulo se concentra en elementos testimoniales, se comentarán aquí los aspectos de la narración de Lupe que constituyen y enriquecen la base testimonial de su relato y que lo diferencian de los otros pasajes testimoniales: el lenguaje campesino; la naturaleza documental (captación de la historia) pero también sensible y poética de la narración; la perspectiva personal y familiar que forma su versión histórica y política; y los pensamientos que forman su monólogo interior.

La voz de Lupe capta la espontaneidad y el estilo del habla campesina y crea una verosimilitud de su personaje y las circunstancias que narra. Su “testimonio” llega a ser expresión estética de la voz campesina salvadoreña, además de una relación de acontecimientos básicos de la vida del campo. Se capta la tendencia repetitiva del lenguaje hablado: “uno prefiere los remedios caseros: que “infundia” de gallina, que manteca de garrobo, que polvos de culebra, que hojas de guaramos o manteca de zorrillo (59). Se capta el ritmo del lenguaje, que muchas veces refleja el ritmo de las acciones descritas; por ejemplo cuando Lupe habla de Adolfina y los niños pequeños “una cipota chispa… Desgrana maíz junto con mis cipotes y jugando jugando llenan un canasto”. Desgrana  y desgrana hablando cosas. Sus comentarios sobre sus alrededores se pronuncian con espontaneidad como si se captaran sus impresiones expresadas en cuanto ve y comenta las cosas:

El cielo se coloradea como la sangre de un pájaro muerto. Ahí por donde la loma comienza a levantarse se asoman los primeros clareos de la madrugada. Color de tizón encendido en lo oscuro. Chisperío que le hace decir a una: ¡Que lindo! Ni que fuera el manto de la virgen. Y luego se va poniendo transparte como el agua de las pozas cuando les da la luz del mediodía. Vidrecitos de colores. Chisguistes de botella quebrada. Y dentro del agua flotan los celajes. Los celajes son las cobijas de dios (8-9).

Las exclamaciones y la sensibilidad para las imágenes, expresadas como si Lupe estuviera explicando y señalando a alguien,

combinado con los saltos de una imagen a otra sin verbos o palabras que las relacionen, recrean el estilo y la espontaneidad de la lengua hablada. Las imágenes evocadas para descubrir los colores y la brillantez del cielo provienen del mundo campesino (pájaros, tizón, agua de las pozas, botella, cobijas). La incorporación de imágenes campesinas cotidianas a la descripción del cielo eleva esas cosas a un nivel poético. De la mezcla de lo banal y terrestre con la imagen del cielo se produce una poesía propia del lenguaje popular. Lupe evoca frecuentemente objetos sencillos y cotidianos para descubrir lo efímero o intangible; dota a su narrativa una calidad trascendente, superando el simple contar de lo que ocurre durante el día.

En esta elaboración de una narrativa basada en una entrevista se destacan unas características y métodos señalados por Miguel Barnet: la importancia de basarse en la lengua hablada y también la tarea autorial de redactar y reorganizar el material para presentarlo en una obra literaria. La contribución autorial de Argueta se basa en presentar el lenguaje campesino de manera que deje lucir su naturaleza poética integra. A través del diálogo entre autor y narradora se realiza una colaboración de voces que ilumina tanto la expresión abierta, emotiva, perceptiva y poética de la campesina entrevistada como la posible intervención “literaria” del autor.

En lo que nos cuenta Lupe también se realiza una armonía entre lo documental y lo perceptivo. Se nota, además de su comunicación de sucesos históricos una sensibilidad a las repercusiones del proceso histórico en su vida personal y en la vida común del pueblo. En el capítulo anterior hemos visto cómo evoca los sucesos de la “matanza” de 1932 mediante la expresión de los recuerdos de su madre: ”la indiada se había levantado y eso no lo iban a perdonar aunque se acabara toda la gente por aquí, me decía mi mamá. Fue despuesito del treinta y dos” (64-5). Muestra también una sensibilidad al pequeño detalle humano en sus recuerdos de lo que le contaba su madre: “ni siquiera se podía tener un santo de estampa porque ya creían que la oración que tenía escrita por detrás eran consignas del comunismo y ahí nos tenías quemando la Virgen del Refugio” (65). Estos detalles evocativos del ambiente hogareño femenino, aunque pequeños, revelan el tremendo miedo y la vigilancia de las autoridades de esa época, sin mencionar el número de soldados que vigilaban.

Sus recuerdos y descripciones de las fincas también superan la simple documentación de hechos y condiciones. En vez de ser una repetición de cuándo y cómo han trabajado por los dueños, cuánto ganan, etc., logra comunicar un análisis personal que revela la cara humana de la historia: “Yo nunca he visto al dueño de la finca, pero a las autoridades siempre las estoy viendo… que nadie se vaya a atrever a sembrar de escondidas en un pedacito de tierra por que dios guarde… un tamarindo por ser un tamarindo que no vale mucho no te lo podes coger sin ningún permiso” (66). Al fijarse en lo que más le llama la atención (la presencia de las autoridades, no poder sembrar en la tierra del dueño, las frutas) Lupe señala lo esencial de las condiciones socio-económicas en que vive su pueblo, los cuerpos de seguridad que funcionan como guardianes del sistema de tenencia de tierra y la intransigencia de ese sistema. Su “testimonio” “documenta” esas condiciones subjetivamente para revelar los aspectos humanos de esa realidad.

La concepción de lo histórico dentro de los parámetros personales y familiares personaliza y amplía la perspectiva de la narración. Su autopercepción como madre y miembro de una familia es componente esencial a la formación de su visión política. Mientras los guardias pasan un rato esperando a Adolfina para interrogarla, los pensamientos de Lupe revelan esa perspectiva: “hasta las personas inocentes se ven metidas en líos. Adolfina es inocente… Los únicos culpables de  las cosas malas que pasan son las autoridades … los únicos que van a la cárcel o salen heridos o aparecen muertos en los caminos son los pobres”(106). Al pensar en las actividades de Adolfina (con la federación de campesinos 107) relaciona su preocupación por su nieta y su inocencia con “los pobres”. Extiende así (como hace Rigoberta Menchú) su visión familiar a toda la comunidad y ofrece un análisis tanto personal como  comunal de la injusticia.

Aunque fueron los guardias que mataron a su hijo, Lupe les ofrece agua y se calla mientras esperan no queriendo provocarles ningún abuso. Piensa “no se trata de ser cobarde … pero luego de tener tan fresquita la sangre de mi hijo, uno queda con sobresaltos en el corazón …. a Justino lo perdí, él sabía las razones de su lucha, me hablaba de esas cosas” (108). Aunque Lupe piensa “yo no sé muy bien estas cosas”, (107) su sentido de la injusticia de la muerte de su hijo por unas acciones justas (“su lucha”) comunica una comprensión de lo injusto de la represión: “A ningún cristiano se le hace lo que esos asesinos hicieron con mi hijo” (108). La intensidad de su pérdida y su tristeza iluminan su perspectiva maternal.

En esa escena Lupe no habla directamente cn los guardias, pero sus pensamientos están en constante oposición a la presencia de “las autoridades”. Fueron “guardias” los que mataron a su hijo, y al evocar en silencio a Justino mientras se calla ante los guardias en su casa, Lupe desafía su imposición resucitando mediante su monologo interior a un hombre que quisieron eliminar. Su silencio también es un desafío; por no hablarles no les da oportunidad de sospechar ni de insultarla. Su indignación, su fuerte sentido maternal y su inclusión de la comunidad (“los pobres”) en sus pensamientos contestan y niegan la retórica misógina y la enajenación de los guardias que vimos  en el capitulo “Ellos” (“pues miren que todas estas mujeres son unas putas… no le andamos dando ninguna confianza a los civiles” 135-6). Al reflexionar sobre la muerte de Justino (asesinado por su participación en grupos populares) extiende la esencia de su tragedia familiar del contexto colectivo campesino. Lupe se ve así misma como parte integra de un proceso tanto comunal como familiar que les llevará a otra realidad: “algún día las cosas van a cambiar. Y dice José que ese día no esta lejano… Simpatizó con la gente que anda metida en cosas para lograr nuestros derechos. Y a veces colaboro un poco” (107). En la narración de Lupe lo personal se vuelve político, la colectividad familiar se extiende a la colectividad de la comunidad, creando una visión inclusiva de la realidad retratada.

Se ha señalado cómo los pensamientos de Lupe subvierten las intenciones de los guardias. La percepción de sus pensamientos enriquece y amplia el testimonio de Lupe. Mediante su construcción narrativa y el desarrollo de la campesina como personaje, el autor convierte un testimonio en una narración multifacética, una voz se multiplica en varias: el monólogo interior y exterior de Lupe, sus conversaciones con otros y su evocación de otras voces en sus recuerdos. Las reacciones de Lupe ante el cuerpo destrozado de su esposo, revelan aun más el poder emotivo de su relato interior. Mantiene un silencio externo que desafía los deseos de los guardias de oír una confesión para poder implicar a ella en la actividad política de José. Ella tiene que desconocer a José ante los guardias para proteger a los demás miembros de su familia y su comunidad, pero dialoga con él internamente:

“y en ese momento se abrió el ojo bueno, el que te habían dejado… Sos vos, José, porque ese ojo no se parece a ningún otro …te recordé hablándome: “si alguna vez miras algún peligro para vos y nuestra familia  no vacilés en negarme” … “No te he fallado José, yo te comprendí que estabas despidiéndote cuando abriste tu ojo” (199).

Esta narración interna de Lupe rechaza la retórica de la guardia en varios niveles. En el primer capitulo de este estudio vimos que el discurso autoritario niega el diálogo y exige el silencio. Por otro lado según sus necesidades la autoridad también a veces busca o exige una respuesta mediante la tortura o la intimidación para poder identificar y perseguir a otras personas relacionadas a la persona interrogada. Los pensamientos de Lupe acerca de su esposo se oponen a las dos formas de imposición autoritaria. En un nivel su silencio niega la deseada identificación. En otro nivel al reconocer a José secretamente y hablar con él en su pensamiento opone al monólogo autoritario un diálogo que afirma la relación conceptual con el esposo que ha tenido que ocultar. Al establecer ese diálogo con un hombre que han torturado y desfigurarlo hasta dejarlo incapacitado Lupe confiere a José una forma de magisterio recordando sus palabras cuando él ya no puede hablar.

Su afirmación privada de su relación con José es también una afirmación de la vida frente a la imposición de la muerte por las autoridades. Ellos se paran delante de Lupe y Adolfina, mostrándoles al hombre moribundo para asustarlas: “Queremos que se miren en este espejo así van a terminar todos” (201). De nuevo Lupe evoca el recuerdo de José: “Yo recuerdo a José corriendo detrás de los bueyes por el camino lleno de hoyos que se te escapaban con la carreta, te recuerdo corriendo con tus botas de hule…. y nosotros gritando dentro de la carreta” (201). Al recrear la imagen de un José activo como padre cuidando a su familia Lupe llena de vida el espacio en que los guardias han querido imponer la muerte. Quiebra el espejo del miedo y la muerte para crear otro reflejo el de la vida pasada de José que le inspirará a seguir adelante, al final de escena piensa Lupe: ahora sabemos hacia donde vamos. Y ellos (las autoridades) saben que sabemos hacia donde vamos…. José Guardado nos acompaña” (204).

En la evocación de su esposo Lupe de nuevo hace coincidir lo individual con lo comunal, lo personal con lo político e histórico. De los diálogos interiores, recuerdos y monólogos de Lupe surge un diálogo con su tiempo que no solo ilumina la historia de su país sino también se opone en nombre propio y en el del pueblo al discurso autoritario. Mediante la narración de la Lupe la obra logra crear una verdadera expresión e identidad salvadoreñas.

En este análisis de los elementos testimoniales en las novelas de Argueta se ha visto que los pasajes testimoniales comparten unas características destacadas en testimonios menos literarios. Reflejan también algunos de los aspectos que Barnet y otros críticos han considerado esenciales a la integración del testimonio en la literatura. 1) las voces testimoniales representan fielmente la lengua hablada; 2) se contribuye al conocimiento de la realidad salvadoreña; 3) se realiza una supresión del “yo” (aunque no de la visión) del autor cuando se quiere presentar un testimonio más directo; 4) también se realiza una intervención autorial para enriquecer y ampliar la presentación del testimonio. Mediante el diálogo de voces (tanto narrativas como la del autor) se logra una armoniosa conciliación de las dos formas narrativas: el texto documental y la ficción. Por su inserción en una narrativa ficticia el testimonio alcanza mayor amplitud y accesibilidad.

Aunque el elemento testimonial es fundamento de la voz colectiva y de la presentación comprensiva del contexto socio histórico salvadoreño este estudio no propone que sea novela testimonio (según la define Barnet) la obra arguetiana. Sí propongo que las voces testimoniales basadas en testimonios reales o no, representan la visión del pueblo salvadoreño. Al intercalar en el trabajo historias ya elaboradas por protagonistas reales se funden lo real y lo ficticio, se llega a la imagen poética partiendo de hechos reales y concretos.

Un breve vistazo de Cuscatlán donde bate la Mar del Sur también puede iluminar el propósito del testimonio en la obra de Argueta.  Aunque el autor no ha señalado el origen testimonial de ningún pasaje o capítulo de la novela, comienza como un testimonio. Dice Lucia, “Mi seudónimo es Beatriz. Cariñosamente me dicen Ticha. Edad: veinticuatro años. Origen campesino. Actualmente estoy viviendo en San Miguel…. Mi nombre verdadero es Lucía Martínez. Distracción favorita: reflexionar. O soñar, como se dice” (9). El comienzo de la novela alude a un testimonio tal vez de tipo guerrillero pero también se sugiere lo que será la novela, no un “testimonio” directo sino una reflexión. El artíficio de la construcción narrativa ficticia nos revelará los “sueños” de los narradores, sus visiones y esperanzas para el futuro. Cómo la ficción transforma el testimonio, el sueño, cómo el arte, puede transformar la realidad.

Desde América Central, mayo 14 de 2010.

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05 2010

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  1. 1

    Np entiendo por qué José Roberto Cea lo critica.

  2. 2

    Guillermo: Ni yo lo entiendo, aunque tengo mi tesis: es normal en un país donde todos hemos sido heridos. Y muchos tenemos las heridas frescas, quizás el 90% de los salvadoreños, como dijo en un articulo el poeta Escobar Galindo.
    No solo los muertos, no solo los desaparecidos han sido ofendidos. También los vivos que salieron de su país al exilio o en diáspora, aun aquellos que no han tenido oportunidad de sobrevivirr, y deben colocarse en las calles con sus canastos de mangos o mercadería chabeliada, son los dueños de las calles de un San Salvador que a nadie le importa (solo importa el S.S. de la zona Poniente) y menos importa la causa de esas tomas de calle.
    Yo he tenido la suerte de estar en Europa y USA y Sur América, gracias a mis libros, eso ha mitigado un poco cualquier resentimiento que pude haber tenido por mis exilios (aunque dudo si me resentó, fueron exilios bien ganados, bien merecidos).
    Sin mis libros no conocería ni Honduras. Agradezco a mi lucidez y al apoyo espiritual que tuve de mi madre y luego de Dalton desde su tumba desconocida. Quizás ambos hagan truco a mi favor. (Aun los triunfos ajenos hieren y es también explicable), mira los resentimientos que se despertaron cuando supieron que Un Día en la Vida, había ocupado un lugar preponderante entre los libros en español más notables del siglo XX, nadie, nadie me felicitó, aunque algunos amigos cercanos se sintieron admirados y sorprendidos; pero sobraron quienes se sintieron ofendidos con esa distinción ajena, inclusive escribieron en los periodicos queriendo hacer mofa. Es nuestra cultura militarista que todos hemos tenido desde 1932. En cierta forma soy un privilegiado al revés, pero hay algunos que ni siquiera al revés.
    De mi parte, acompaño a los que sufren por esas heridas no sanadas, ni siquiera sé dónde les entró el aguijón, o la bala; pero estoy con ellos.
    Mientras tanto, soy lo que escribo, mi mejor carta de presentación es mi palara escrita, mis poemas y mis novelas, y mis pequeños ensayos sobre la vida que describo para sentir que vivo. Un abrazo de Manlio

  3. Alex #
    3

    Leí “Un día en la Vida” dos veces, bajo contextos diferentes,la primera cuando era estudiante, la segunda por necesidad de recordar aquel tiempo, yo crecí a un lado de la UES, viví los momentos buenos y malos de la Comunidad y la Universidad, vì muchos Joses, perder la vida por un ideal y muchas Lupes quedar a cargo de la familia. Al leer este fragmento me doy cuenta que leí pero no entendí muchas cosas, las cuales ahora creo dan la culminación de mi lectura pasada de “Un dia en la Vida” y creo la leeré por tercera vez.

    Gracias Profesor Argueta.

  4. walter #
    4

    hola señor.
    en estos momentos estoy leyendo un dia en la vida.
    de todas las que he leido es la que mas me ha gustado.
    quiza porque se trata de nustro pais; pero la verdad es muy interesante.

  5. 5

    Walter: Tengo tres novelas inéditas con diferentes marcos de referenicia. Trataré de publicar
    una de ellas a principios del 2011. Espero ir que igualmente le gustará. A mi me gusta Siglo de I(g)ro, quizas porque es una novela autobiografica. Saludos de Manlio Argueta.

  6. 6

    Alex: Un día en la vida gusta porque es una novela de nuestra historia dramática de los ultimos años,
    y es muy amigable para ser leida. A mi me gusta Siglo de O(g)ro, una novela sobre mi niñez (con mucho de autobiografía).Esta fue publicada en El Salvador por lo que fue Concultura y ahora Secretaria de Cultura. Editorial DPI

  7. Gladys del Carmen #
    7

    Reciba mi saludo y mi admiración, por esas obras tan valiosas, que al leerlas me hacen percibir la inteligencia manifestada en la astucia de nuestra gente, lástima que muy pocos valoran el tesoro contenido en “UN DIA EN LA VIDA”.
    Pero reflexionando quizá sí se han dado cuenta del impacto que genera en los lectores y por tanto tratan de ensombrecerla para que no trascienda al alma como me ha sucedido a mì. Lo felicito y lo admiro por esa disposición de seguir retroalimentandonos con sus respuestas.

  8. 8

    hola señor manlio argueta, es un honor saludarlo
    recientemente en el colegio me han dejado una tarea de su obra un dia en la vida
    por cierto muy buena obra.

    mire la tarea quee me dejaron fue buscar el marco sociohistorico de la obra
    yo ya saque mi propio marco, ahora mi consulta para usted cual es el marco sociohistorico de la obra.





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