Consuelo Suncín: universalidad salvadoreña.

El anterior trabajo sobre Consuelo Suncín lo titulé “Consuelo Suncín y vocación puteril…”, el título puede confundir, en verdad debió llamarse “Consuelo Sunciín y el estereotipo puteril de las mujeres”, atribuido por la tradición y la discriminación de género.Es decir el prejuicio que nos impuso el patriarcado y la tradición de esperar en la mujer una conducta adecuada: el hombre es el guerrero, la mujer cría los hijos, desde la Edad de Piedra. ¿Hay más mérito en una cosa sobre la otra? A través de la historia, uno se siente obligado a matar, ser el héroe. La otra amamanta la vida.
Bueno, lo importante es lo que digo en el texto. Afirmo que Consuelo fue un ángel de gran inteligencia y de magia latinoamericana.

Angel para Saint Exupery, su inspiradora en una obra que ha sido traducida a más de cien idiomas. Se dice que solo la biblia lo supera en divulgación. Con mis trabajos quiero participar en esa resurrección de Consuelo Suncín, sumida en la ignominia por quienes solo vieron a la mujer inferior, por mujer y por latinoamericana

Uno de los méritos de la Suncín –y estamos hablando de los años 20 del siglo XX- es que no cayó en esa conducta adecuada y esto en sí mismo es una gran visión, un mérito. En estos tiempos es más fácil percibirlo, no se necesita tener dos dedos de frente, aunque tampoco es fácil aceptarlo.

Un punto negativo que podría detectarse es que Consuelo Suncín fue una condesa; cuando vino la última vez a El salvador, 1972, nada más se le destacó por su título o por su riqueza, o por ser haber sido pareja de famosos escritores, no por su propia fuerza intelectual.  Poco se recalca que, además de escritora, la salvadoreña fue escultora y pintora, y buena. Hay críticas europeas. Sobre esto m referiré en otra oportunidad.

En un El Salvador con tantas limitaciones, pequeño, apenas visible en el mundo, ya sea por su geografía o por no tener petróleo ni grandes riquezas ni exportaciones, el mérito individual puede parecer una insolencia, un insulto. Recuerdo en 1999, cuando mi novela Un Día en la Vida, fue nominada una de las diez mejores obra en español del silgo XX (Nueva York, Modern Library).

Tal nominación, ofendió a algunos que vivieron la guerra civil que asoló a nuestro país, a quienes sufrieron persecuciones o perdieron familiares  (aunque es difícil encontrar a alguien que no hay perdido en esa guerra a un familiar). La verdad es que de todo hay en la viña del señor, hay paz y guerra, hay amor y odio, hay bienestar y malestar, felicidad y tristeza, bonanza y crisis. El humano no es un ser abstracto de una sola dimensión. La historia es algo más que lo cotidiano y lo coyuntural. La historia lleva siglos y aun le faltan más.

A ese propósito me gusta esa frase de un actual político chino cuando le preguntan que opina de su Revolución, y él responde que no sabe, Quizás se necesitaría mil años para poder definirla. Pienso que tampoco podrían explicar por qué hace treinta años vivían en la miseria y ahora tienen, desde hace más de doce años, un crecimiento anual superior al 10%. Para darnos una idea de lo que esto significa, la mayoría de países anda entre 3.% y 6% en América  Central y en la mayoría de países capitalistas llegan a duras penas al 5 o 6%. El crecimiento de los Estados Unidos es de  un 4.5%.

Por muchas razones la sabiduría China para los occidentales nos resulta inexplicable. Tienen un concepto milenario del tiempo.

Decía que muchas veces, lograr cierta fuerza intelectual, casi siempre productos individuales, puede ser o insultante para nuestras debilidades y miserias o pueden parecer ridículas por el enfoque light que se haga.

Lo que quiero destacar en Consuelo Suncín es a la mujer distinta, una salvadoreña diferente, la más (y el más) universal de los salvadoreños, en proyección de nuestra identidad emigrante. Por eso es válido pensar que es la sacerdotisa de la diáspora salvadoreña. Ella era una artista. El artista basa sus calidades en el ser individual y los ha habido desde la época de las cavernas, y los habrá por miles años más, es algo inherente a la humanidad. Soñar.

Mozart se escuchará dentro de mil años en los viajes interplanetarios, y ni siquiera tuvo tumba conocida, pero se proyecta en los siglos. Igual pasó con Van Gogh, nunca pudo vender ni uno de sus cuadros, murió en la miseria, y sin embargo ahora su obra se cotiza por cientos de millones. Van Gogh es resultado de individualidad artística independiente de quienes se lucren de ello.

Ni nadie achaca a Einstein, genio de la física, que su sabiduría llegase a producir la bomba atómica. Y Marx, genio de la economía, tampoco previó que sus ideas se trocaran en burocratismo letal.
La genialidad es trabajo solitario e individual. “El oficio de escritor es el oficio más solitario del mundo”, dice García Márquez, a nadie se le puede pedir ayuda para escribir una novela o un poemario. Pero esa obra solitaria tiene trascendencia social.

Cervantes sufrió cárceles, lisiado y héroe de guerra, pasó pobrezas, inclusive quiso venir a trabajar a Sonsonate, Acajutla, pero en su tiempo libre, sin que nadie se lo comprendiera, escribió la obra maestra de los siglos, Emprendió su aventura solitaria. También los cristianos vemos la obra de Cristo como una aventura del individuo para la conversión de valores frente al imperio romano.

Despreciar el valor individual, pese a las buenas intenciones, es no creer en el progreso,  es caer en la metafísica; y peor si se llega a la metafísica por la vía de creerse materialista, pues se cae en grave fenómeno filosófico: la alienación, criticada por el marxismo y por la revolución del pensamiento. Los artistas también caemos en romanticismos, otra manera suave de alienarse.

Lo cierto es que hay una resurrección de Consuelo Suncín. Al grado que se están disputando si ella es el personaje de la rosa. También se disputa el lugar geográfico de donde llega El Principito (el Asteroide B612), algunos dicen que Argentina –estuvo en ese país y visitó un lugar con esas características, dicen algunos críticos. Otros dicen fue Armenia, El Salvador, por su rosa inspiradora.

Jorge Corral, argentino, acaba de publicar su libro “El asteriode B 612 es Antigua Guatemala”, basado en que Exupery tuvo un accidente en Guatemala, puede pensarse que voló sobre los tres volcanes cerca de Antigua. “Hay dos volcanes activos y uno apagado”, dice El Principito al describir el asteroide.
Y hay otros autores que dicen que el Asteroide B 612 es la misma Consuelo Suncín, con dos volcanes activos, sus senos, y uno apagado. La visión sexista concluye cuál es ese otro lugar.

Aunque es dudoso que Consuelo tuviera nada apagado, y si no que lo diga José Vasconcelos o Gómez Carrillo, ambos a punto de batirse en duelo por ella. No se batieron porque Consuelo persuadió al primero que no aceptara el reto ya que Carrillo había tenido más de 18 duelos y en todos había vencido.

De esa manera la salvadoreña salvó la vida al gigante filosofo y ensayista  Vasconcelos, al autor de la frase “Por mi raza hablará el espíritu”, de la Universidad Nacional de México (UNAM). Pero enano en percibir valores de género. Ni el tiempo en que vivió puede justificar su falla: “Al fin me deshice de la arpía”, dice en sus memorias, despechado porque Consuelo prefirió casarse con el guatemalteco Gómez Carrillo.

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04 2009

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